La pandemia no cerró los templos

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La pandemia no cerró los Templos

Es indudable que la pandemia que azota el mundo entero en lo que va del 2020, nos ha cambiado la vida.

Todos terminamos el 2019 con sueños, ilusiones o con algún plan pequeño o grande. Sin embargo, desde la tercera semana de Marzo (hablando de Colombia) a la fecha (agosto) la realidad no  ha cambiado mucho. Cientos y miles de contagiados, muchos muertos, fronteras terrestres aún cerradas, el desempleo disparado y la delincuencia fruto o excusa de la realidad, también ha aumentado.

Como creyentes, hemos estado aferrados a nuestra fe con oraciones, intentando mantener la esperanza y tratando de la misma manera de compartirla. Sin embargo, locales o lugares de culto (de todas las expresiones religiosas) fueron cerrados y continúan estando. El argumento del gobierno es que las reuniones o aglomeraciones, cualesquiera que sean, son foco de contagios.

Pero, a la fecha muchos se preguntan ¿cómo es posible que supermercados y otros establecimientos comerciales (que son pocos) estén abiertos y los locales o sitios de reunión religiosa aún continúen cerrados? Frente a esto, gran comunidad creyente, tanto pastores como políticos hablan de persecución a la fe, vulneración de derechos, atropello a la constitución, etc. Argumentando que si otros lugares están abiertos, los templos también deber abrir, que el Dios de su devoción es tan grande que puede protegerlos y que al abrir los templos se podrá orar y clamar en favor de toda la sociedad.

Ahora bien, ¿realmente la pandemia cerró los templos? Si la biblia dice en 1 corintios 6: 19 – 20 que somos nosotros los templos del Espiritu Santo, debido a nuestra fe en el Señor Jesús. Entonces valdría la pena revisar un poco más la realidad del cierre de los lugares o sitios de reunión. Bien sabemos que algunos sectores de la economía y comercio, han ido abriendo sus puertas después de algunas pruebas piloto para revisar su funcionamiento, supermercados, droguerías, etc. Es decir, lugares que ofrecen un servicio o una mercancía lo cual dinamiza la economía. Por otro lado, aún están en discusión los moteles, la atención presencial en los restaurantes, cines, teatros, iglesias, etc. Con lo anterior, quiero que revisemos que no tenemos una persecución a nuestra fe, es más, tampoco se nos ha prohibido compartir la fe o vivirla, se nos prohibió lo mismo que a muchos otros establecimientos y estas indicaciones buscan preservar la vida.

Las declaraciones son: no nos quieren dejar abrir los templos, pero, recordemos que la diferencia de los establecimiento comerciales y las iglesias, es que el producto que se busca en ellos, hablando de la iglesia, en casa lo podemos encontrar, lo cual es la presencia y comunión con Dios. En otras palabras, si nosotros somos los Templos del Espiritu, hasta el momento (en Colombia) seguimos con la libertad de vivir y creer en lo que antes de la pandemia creíamos. Pero, ¿qué sucede entonces?

Es claro que algunos sectores religiosos ven la iglesia como un negocio y efectivamente, hablando en términos económicos, están en quiebra, sus ganancias o fluidez ha disminuido. Sin embargo, la mayoría que realmente vive la fe, está preocupada por su comunión con Dios y es aquí donde los líderes deben ser creativos, donde los pastores deben ejercer un pastoreo de manera vanguardista y de acuerdo a la coyuntura. Algunas de estas maneras, metodologías o estrategias son:

  • Transmisiones en Facebook o YouTube
  • Reuniones a través de plataformas como Zoom, Meet, etc.
  • Textos, audios y videos en los grupos de redes sociales
  • Llamadas telefónicas personalizadas
  • Llamadas grupales
  • Publicación de piezas multimedia en páginas web o redes sociales

En fin, existen diferentes alternativas para realizar el acompañamiento pastoral en tiempos de pandemia sin necesidad de entrar en pleitos y declaraciones mentirosas como que estamos en persecución o que nos están violentando los derechos.

Como cristianos debemos velar por la salud espiritual de todos los seres humanos; sin embargo, también estamos llamados a preservar la salud física de todos, tanto de los creyentes como de los no creyentes. No caigamos en el error de creer que la presencia de Dios está limitado a los lugares o sitios de reunión, recordemos que 1 Pedro 2:9 nos indica que somos Reyes y Sacerdotes, dándonos a entender que a través de Jesús tenemos línea directa con el Padre, donde quiera que estemos.

Si las iglesias se abren antes de tiempo, o sin garantías de protocolos de bioseguridad, sería muy triste que muchos vayan buscando de Dios y encuentren un contagio, como sucedió con la paciente 31[1], en Corea del Sur. Y claro, en la calle, en los supermercados y demás establecimientos comerciales también hay riesgo de contagio, pero la ventaja de los creyentes, es que pueden vivir la fe, y sentir a Dios en su casa, en su lugar donde estén viviendo el aislamiento o cuarentena, por esta razón me atrevo a decir que la cuarentena no cerró los templos, lo que pasó fue que no estamos preparados para sostener una comunión con Dios basadas en el amor y en la convicción de lo que él ha hecho por nosotros.

Por último, esperemos con calma, ayudemos a quienes más podamos, usemos elementos de bioseguridad, respetemos a los demás, provoquemos un avivamiento a través de las redes en nuestras casas, impactemos con el testimonio y llenemos de esperanza el mundo, pero no seamos ese medio por el cual el virus se propaga más, pues lastimosamente en algunas comunidades ya hemos despedido hermanos a la presencia del Señor por este virus.

Pastores, protejan las ovejas, no visiten los hogares citando reuniones con pocas personas, no hagan transmisiones donde se reúnen diferentes personas a tocar los instrumentos o a cantar, tengan en cuenta que cada persona representa decenas y miles, con quienes interactúa en casa y el trabajo. Utilicemos alternativas, como las plataformas. Entre todos protejamos la vida y demos testimonio de ayuda, cuidado y amor.

 

[1] https://www.marca.com/claro-mx/trending/2020/03/28/5e7f8abe22601d564a8b45e6.html

@Jabesnahum

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Jabes Nahum Parra Muñoz

Teólogo y Comunicador gráfico. | Director general Teología para el Camino |